Pocillo Volcán: el diseño que hace emerger el café
Un objeto que nació de una pregunta, no de una forma.
En Mestizo no empezamos diseñando objetos. Empezamos diseñando experiencias.
El Pocillo Volcán no nació como un “pocillo”. Nació como una pregunta muy concreta: ¿Puede la forma de un recipiente mejorar la experiencia de tomar un café espresso?
Desde esa pregunta comenzó un proceso donde se cruzaron forma, material, técnica y territorio.
La forma no fue estética, fue funcional a la espuma y al aroma. Pasamos por muchas morfologías antes de llegar a la definitiva.
El desafío era claro: lograr una forma que no rompiera la espuma del espresso al servirse, sino que la acompañara.

La boca, el diámetro y la curvatura interior se ajustaron prueba tras prueba hasta encontrar un volumen que permitiera que la crema del café se mantuviera estable y que, al mismo tiempo, los aromas pudieran concentrarse.
Ahí apareció un concepto clave del diseño: la cámara de aromas. La geometría interior del pocillo está pensada para que los aromas no se dispersen inmediatamente, sino que asciendan de manera contenida hacia quien lo sostiene.
Porcelana arriba, aluminio abajo.
La elección de materiales no fue estética, la porcelana permite precisión, higiene visual y una experiencia pura con el café.
Pero al ser un pocillo sin asa, aparecía un problema térmico: ¿cómo apoyar el pocillo caliente sin que eso afecte la experiencia?
La respuesta fue el plato. Un plato que no fuera accesorio, sino parte del sistema. Por eso se diseñó en aluminio fundido, un material que disipa rápidamente el calor y estabiliza térmicamente el conjunto.

El plato es la topografía del volcán.
La forma del plato no es decorativa. Emula la topografía de un volcán y está inspirada directamente en el Volcán Lanín, un ícono natural de nuestro territorio. Las irregularidades, los desniveles y la textura del aluminio fundido construyen ese paisaje. Y ahí es donde el objeto termina de cobrar sentido conceptual: como en un volcán real, desde abajo emerge algo hacia arriba. En este caso, los aromas del café.
Un sistema que funciona como un volcán real.
Cuando el pocillo caliente se apoya sobre el plato de aluminio, el calor se disipa, el conjunto se estabiliza y la forma acompaña el ascenso de los aromas. Morfológicamente, el objeto se asemeja a un volcán. Funcionalmente, también. El café “emerge”.

Prototipos, ajustes y precisión.
El proceso tuvo muchas iteraciones: pruebas de diámetros para respetar la crema del espresso, ajustes internos para generar la cámara de aromas, calibración del apoyo entre porcelana y aluminio, texturas del plato que acompañen la idea topográfica sin competir con la pureza del pocillo.
Nada quedó librado al azar. El diseño final apareció después de escuchar al café, a la porcelana y al aluminio.
Un objeto que parece simple, pero no lo es. El Pocillo Volcán parece un objeto evidente. Pero detrás hay decisiones morfológicas, térmicas, sensoriales y conceptuales que trabajan juntas para algo muy concreto: hacer que el café se experimente mejor.
No diseñamos un recipiente. Diseñamos experiencias materiales.

El Pocillo Volcán no es un pocillo.
Es un pequeño territorio donde el café emerge como en un volcán real.
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